Descubriendo a la Diosa del Aire de Avalon
Descubriendo a la Diosa del Aire de Avalon

Descubriendo a la Diosa del Aire de Avalon

Una de mis tareas como Sacerdote de Avalon en entrenamiento es descubrir las diferentes manifestaciones de la Diosa en el paisaje y conectar con sus energías. Durante mi segundo fin de semana de entrenamiento estuve trabajando con el arquetipo de la Diosa del Aire, que en la Rueda de Avalon se muestra como Nolava del Aire, Danu, Cailleach y la morgen Tyronoe, entre otros muchos rostros.

Diosa del Aire de Avalon
Representación de Nolava del Aire en el altar del Goddess Hall

Teniendo en cuenta que debía conectar con el elemento Aire y sus vientos, mi idea era buscar algún sitio elevado. Y como además nos encontrábamos en el momento más oscuro del año, el lugar y el momento estaban más que claros: una visita nocturna al Tor.

Ascender por la ladera de esta colina sagrada no es un paseo demasiado complicado a pesar de la pendiente, pero esa noche el viento soplaba con fuerza. Con muchísima fuerza. Tal era la intensidad que tenía que caminar ligeramente encorvado para no ser zarandeado por el vendaval. Siendo la Diosa del Aire el arquetipo más anciano de la Rueda de Avalon, me pareció una casualidad demasiado casual el tener que subir la colina agarrotado como si tuviera noventa años. Además del viento, hacía tanto frío que me dolían las manos, la nariz y las orejas… pero el resto de mi cuerpo tampoco entraba en calor debido a la humedad del ambiente. Ahí pude sentir la dureza de los arquetipos avalonianos femeninos asociados al invierno: la Mujer piedra y la Mujer hueso, quienes te despojan de todas tus capas y te dejan tal y como viniste al mundo para recordarte quién eres en realidad.

Una vez en la cima, descubrí que no había absolutamente nadie allí. Cada vez que he subido al Tor en horas poco habituales, siempre me he cruzado con alguien, pero esta vez estaba solo. Completamente solo. Buscando refugiarme del viento huracanado, entré en la torre de San Miguel, que corona la colina. Como el viento soplaba en dirección perpendicular a sus dos entradas, dentro había una calma absoluta. Estaba tan cansado del ascenso que decidí apoyarme en una de las paredes de piedra. Cerré los ojos durante unos instantes… y entonces sentí la conexión. Ella estaba allí. Y de pronto, como si hubiesen llegado arrastradas por el viento desde algún lugar muy lejano, vinieron sus palabras a mi mente:

Yo soy aquella que ya no existe, pero también aquella que nunca se fue. Yo soy la calma de la noche, el frío del invierno y el misterio que aguarda al otro lado del velo. Yo soy la eterna Mujer piedra, la sabia Mujer hueso y la brillante Mujer estrellada. Yo soy el origen y el final… y te he estado esperando.

Me quedé unos minutos reflexionando sobre el mensaje y después salí del interior de la torre. Alcé la mirada y me maravillé ante el espectáculo que se presentaba ante mí: las brumas de Avalon cubrían la tierra, mientras que un manto de estrellas plateadas adornaba el cielo. Su presencia se expandía en todas direcciones e inundaba todo con su magia: era Stella Nolava. Comprendí que tanto en lo más profundo y silencioso de la noche, como en el vacío que se genera en mitad del caos, uno puede encontrar la calma y el reposo necesarios para hallar su propio centro. Al danzar con lo desconocido y la adversidad, te embarcas en un viaje iniciático hacia la experiencia y la sabiduría. Y, a medida que avanzas, la Diosa del Aire te bendice con el don de la sapiencia y te concede una nueva visión para que puedas ver donde antes solo mirabas. ¡Todo un regalo!

Un par de días más tarde subí a Wearyall Hill, una cresta elevada desde la que se puede ver el Tor en todo su esplendor. Y allí me esperaba de nuevo la Diosa del Aire. Por la intensidad del viento y las precipitaciones en forma de aguanieve que arreciaban con cada minuto que pasaba, casi que podría decir que fue un guiño de la Cailleach. Ni siquiera pude subir a lo más alto, ya que el viento me zarandeó un par de veces hasta el punto de casi hacerme caer de bruces contra el barro. Permanecí donde anteriormente crecía el espino sagrado y, sin más que hacer, comencé a cantar. Canté a Danu, a Tyronoe y a la Cailleach. Dejaron de importarme el frío, el viento y el aguanieve. Me sentía ligero y etéreo en mitad de una tempestad cuya fuerza aumentaba a la par que me liberaba de todo cuanto ya no era necesario en mi vida. Me sentía salvaje y libre. Me sentía unido a la tormenta. Tan unido que yo era la tormenta.

Y habiendo recibido un maravilloso mensaje y la bendición de la Diosa del Aire de Avalon, decidí que era el momento de emprender el camino de vuelta a casa.

Nuhmen Delos ~


Foto de la Diosa del Aire realizada por Nuhmen Delos en diciembre de 2022 durante el segundo encuentro del Priest/ess of Avalon Training. Si deseas leer más reflexiones fruto de mi entrenamiento, aprender sobre los lugares sagrados de Avalon, conocer a las Diosas de su Rueda y seguir mis pasos por la Isla sagrada, haz click aquí.

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